AMAZONAS RELATOS DE MI PUEBLO
QUERIDO
Chachapoyas, bello embrujo de las montañas
La Republica - Por MARCO A. SÁNCHEZ.- Chachapoyas, Peru - (Posted on Jul-10-2004)
Día de Fiesta. El Raimillacta es la festividad en la que los pobladores de todo el valle celebran con mayor entusiasmo.
Mientras Joselito va cargado en andas, el pueblo vive una fiesta.Todas las comunidades de Chachapoyas bajan a la plaza. Eso ocurre durante la Semana Turística de este poblado, y este año, en que se realizó la novena edición de la celebración, no fue la excepción. Joselito y Santos Lorenzo Ramos quedan todos los años como personajes de postal en el Raimillacta (Fiesta del pueblo). A sus 50 años, Lorenzo todavía asombra a sus paisanos tocando la quena con la nariz. En María, el anexo de donde viene, es el único que lo hace. También en Chachapoyas y en todo el departamento de Amazonas.
ALEGRÍA POPULAR
Este don fue premiado con un polo nuevo que le regalaron los organizadores de la Semana Turistica, y Santos Lorenzo lo recibe feliz, agradecido y borracho como está, cuando todavía no son las seis de la tarde del primer sábado de junio, el más festivo del mes.
Como felices reciben su torete los ganadores del concurso de este año (donde 29 comunidades presentaron sus mejores danzas), María Arellanos Mendoza y los suyos, del anexo de Lonya Chico, distrito de Intipata. Ellos posan con el animal, lo amarran bien y siguen bailando al ritmo de la banda de músicos.
Porque cuando Chachapoyas festeja -tres veces al año: junio (Semana Turística), agosto (Virgen de la Asunción, patrona de la ciudad) y setiembre (aniversario de creación) lo hace a lo grande. En el Raimillacta todas las comunidades llegan a la plaza para danzar, festejar, recordar y bailar durante una semana. Janeth Tuyas Guillermo llegó desde Cachiaco, caserío en Río Nieva, frontera con Ecuador. Cinco días de viaje separan de Chachapoyas a este olvidado pueblo aguaruna. Janeth vino a festejar y nadie la hará cambiar de opinión. Además, nadie sería capaz de hacerlo.
RUTA DE LAS NUBES
Pocos quieren recordar el fatal enero del 2003, cuando un avión de Tans se estrelló en un cerro chachapoyano. Desde entonces, como antes, se llega solo por tierra. Veintiún horas tarda cubrir los 600 kilómetros desde Lima, aunque desde Chiclayo la ruta solo implique 11 horas.
Entre Chiclayo y Chachapoyas hay cinco regiones: La Libertad, Piura, Cajamarca, Huánuco y Amazonas. Además un sinnúmero de pueblos y climas. Mientras que en Jaén y Chachapoyas el clima es soleado tipo sierra, en Bagua Grande (la tierra del gigante Margarito Machaguay) el bochorno es insoportable.
En el último tramo, los bosques hacen honor a la etimología quechua de nuestro destino: Sachapuyo (montaña nublada). La ruta está además llena de singulares árboles, cataratas y lagunas naturales.
El Tunsho es un mítico árbol blanco, disperso en todo el camino. Según una leyenda bastante difundida en la zona, quien se echa a dormir sobre sus raíces, nunca más regresa. Será secuestrado y llevado a la espesura del bosque por los duendes que habitan su copa. Por supuesto, no intentamos comprobar la leyenda, como tampoco la del agua de Huarayacu, a diez minutos de la ciudad, donde dicen que existe un pozo de agua, dentro de una ermita. La leyenda cuenta que quien bebe de sus aguas se queda para siempre.
Nos quedamos con la de La Casharaca, la bella princesa por cuyo amor pelearon los guerreros Valquishao y Llantán. El primero la conquistó disfrazándose de cordero, y la poseyó en el cerro Yurumarca, donde aún se ven las huellas del paso de estos personajes. Para la gente de la zona, la técnica del guerrero hasta hoy funciona.
AL RESCATE DE KUÉLAP
La milenaria ciudadela preínca de Kuélap -tres mil metros sobre el nivel del mar- es la obsesión de todo viajero que llega a Chachapoyas. Desde la ciudad hasta El Chillo (punto previo) existen tres horas de camino. De ahí una hora para alcanzar Tingo, el pueblo vecino a las ruinas.
La fortaleza dista mucho de las postales. Parte de sus entradas se han derrumbado debido a la erosión natural, y ello originó que las autoridades inicien el Plan Maestro para cimentar su conservación. "Kuélap estuvo abandonada 500 años, desde el siglo XVI. El exceso de humedad y el crecimiento de los bosques dañaron sus estructuras", sostiene el arquitecto Alfredo Narváez, quien asegura que se requieren 20 millones de soles para recuperar el complejo de 1.500 hectáreas.
Aun así, transitar por Kuélap es una delicia (los amantes del trekking le dedican 10 horas de caminata desde Chachapoyas por el camino prehispánico). Todavía son visibles algunas de sus 400 unidades familiares en forma circular.
Dada a conocer en 1843 de manera casual por el juez Crisóstomo Nieto, Kuélap está rodeada por una fauna donde son comunes osos de anteojos, pumas, venados y cien variedades de orquídeas.
Kuélap también fue una ciudad cementerio. Solo hasta ahora se han encontrado 85 forados con osamentas humanas, a razón de 20 individuos por forado. En el extremo norte del complejo destaca El Torreón, el punto más elevado. En la zona se encontraron también restos de cerámica Chimú, conchas spondylus y cerámio inca y colonial, lo que indica su ocupación sucesiva.
Los Chachapoyas fueron un pueblo rebelde, sojuzgado por los incas con dificultad.
MODERNO DORADO
Kuélap pertenece al distrito de Tingo, provincia de Luya. Ahí existen unos 600 sitios arqueológicos, aunque solo 25 han sido ubicados y trabajados. La Laguna de los Cóndores (accesible solo a caballo), donde se hallaron cientos de momias, es solo uno de ellos.
Sin embargo, como siempre la minería ha echado el ojo en la zona. Existen 28 denuncias (el primer paso antes de la explotación) de recursos minerales, que de concretarse contaminarían el lugar, dañarían el ecosistema y malograrían el proyecto de un corredor turístico y de desarrollo. Chachapoyas debe impedirlo.
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Tradición, historia, belleza y buena olla El Purtumote es el plato emblemático tradicional. Inclusive, en Kuélap se han encontrado vestigios milenarios de esta entrada hecha con frijol seco, mote pelado seco, culantro y sal. Sus sopas (le llaman locros) son una delicia: la Chochoca, con maíz tierno cocinado y cuero reventado de chancho, el Guineo (plátano verde con frejol verde), el Shirumbe (hecho con frejol verde y yuca) y el espesado preparado con trigo pelado y papas. Todo esto acompañado con una cecina chancada con maíz y un dulce de zapallo duro con leche. Y no hablemos de los tragos: un vaso de Morachao (primo hermano del selvático Uvachado, hecho con aguardiente pero con moras) basta para buscar a las descendientes de la mítica princesa Casharaca que abundan en las noches chachapoyanas. .
Precisiones
La ciudad recibe unos 68 mil turistas al año. La mejor época es entre junio y octubre.
Tiene 4 hostales tres estrellas (Casa Vieja, Puma Urco, El Tejado y Casona Monzante) cuyos precios oscilan entre 25 y 45 soles. También hay hospedajes desde S/.15.
Las empresas Móvil Tours y Civa salen diariamente desde Lima. Los pasajes cuestan 75 soles.
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